El desafío estratégico de Colombia ante la proliferación de sistemas no tripulados
Uno de los diversos drones incautados a grupos armados en Colombia. Foto vía: Erich Saumeth
Las Fuerzas Armadas de Colombia enfrentan una transformación radical en el panorama de seguridad actual. En un lapso menor a cuatro años, la histórica superioridad en el dominio del espacio aéreo que el Estado mantenía frente a los Grupos Armados Organizados (GAO) y estructuras del narcotráfico se ha visto notablemente desafiada por la democratización tecnológica.
Diversos factores han acelerado esta transición. Por un lado, las restricciones operativas vigentes en materia de bombardeos y los ajustes presupuestales han limitado la disponibilidad de aeronaves de ala fija y rotatoria para misiones de apoyo aéreo cercano. Por otro lado, los grupos al margen de la ley han consolidado una capacidad asimétrica persistente. El uso de sistemas aéreos no tripulados (UAS) modificados para transportar artefactos explosivos improvisados, o empleados como plataformas de observación para el reglaje y direccionamiento de fuego de morteros artesanales (como los denominados tatucos), ha transformado la dinámica del combate en tierra.
El bajo costo de adquisición de estos dispositivos, sumado a la porosidad de las fronteras y la facilidad de operación en geografías remotas, ha permitido a estas organizaciones estructurar capacidades aéreas tácticas rudimentarias pero de alto impacto. Históricamente, las políticas de seguridad en la región han tendido a ser reactivas; a pesar de que las primeras incautaciones de este tipo de tecnología se registraron en el año 2019, la formulación de una estrategia de defensa integral solo se priorizó tras la materialización de los primeros ataques letales. Hoy, el desafío radica en contrarrestar una amenaza que anula la ventaja táctica del terreno y expone a las tropas a vectores de ataque de precisión.
Realidad operacional vs. tiempos burocráticos
Desde hace meses, el Ministerio de Defensa y el Gobierno Nacional han puesto sobre la mesa el proyecto del "Escudo Nacional Antidrones", un término genérico para la adquisición de tecnologías de mitigación. No obstante, el proceso ha avanzado lentamente en la definición del marco de la amenaza y en el establecimiento de una doctrina clara de empleo, en parte debido a una interpretación estática de un escenario que es esencialmente dinámico.
Las lecciones globales contemporáneas, particularmente las derivadas del conflicto en Ucrania, demuestran que la tecnología de sistemas autónomos evoluciona a un ritmo exponencial. En el ámbito de los UAS, no existe una solución única ni definitiva. La estrategia óptima no consiste en buscar una plataforma tecnológica que resuelva el problema por completo, sino en articular un ecosistema multisensorial y de múltiples capas que reduzca la efectividad del adversario a niveles gestionables.
Mientras se debaten soluciones basadas exclusivamente en la interferencia del espectro electromagnético (jamming), en las Colombia ya operan drones guiados por fibra óptica inmunes a la guerra electrónica. Asimismo, mientras se evalúan tácticas tradicionales de dispersión de tropas, el despliegue de sistemas FPV (First Person View) de ataque directo ofrece a los operadores una precisión milimétrica sin arriesgar componentes humanos en la línea de fuego.
Por lo tanto, la respuesta institucional no puede ser estática. Requiere una combinación de contramedidas activas y pasivas, un replanteamiento de la doctrina de entrenamiento en áreas de operaciones y la dotación de capacidades técnicas que permitan a las unidades en tierra mitigar el riesgo de manera autónoma.
El espejo regional y la transferencia de capacidades
El panorama observado en otros escenarios de la región, como en el caso de México, sirve como un indicador temprano del desarrollo de esta amenaza. El uso masivo de sistemas no tripulados por parte de organizaciones transnacionales en ese país evidencia no solo una adopción técnica avanzada, sino el desarrollo de tácticas de combate sofisticadas que, en algunos aspectos de nicho, rivalizan con las capacidades de fuerzas estatales convencionales.
A través de redes de suministro globales, estas estructuras han integrado a sus inventarios desde drones FPV y plataformas comerciales con sistemas de liberación de carga, hasta equipos de detección, radares de corto alcance y efectores de contra-UAS para neutralizar dispositivos de facciones rivales. Lo que hace dos décadas habría sido logísticamente inviable para un actor no estatal, hoy se materializa como una capacidad aérea de bajo costo y alta disponibilidad.
Para Colombia, esta situación representa una ventana hacia el futuro inmediato de la seguridad interna. Los vínculos logísticos entre las organizaciones productoras de estupefacientes en territorio colombiano y los carteles internacionales facilitan un intercambio transnacional donde los sistemas tecnológicos, la asesoría técnica y los manuales de empleo táctico forman parte de las dinámicas de pago y compensación. Anticiparse a la sofisticación de este intercambio es, actualmente, el principal reto estratégico para la Aviación del Ejército, la Fuerza Aérea y la Policía Nacional.
Hacia una doctrina de defensa adaptativa
La ventana de oportunidad para actuar de manera preventiva se ha cerrado; el desafío actual de Colombia es de adaptación inmediata. La respuesta institucional no puede limitarse a la compra burocrática de equipos centralizados que corren el riesgo de quedar obsoletos antes de ser desplegados. Se requiere, de manera urgente, una revisión profunda de la doctrina de combate, donde la capacitación en guerra electrónica, el uso de sistemas de detección pasiva por radiofrecuencia (RF) y las tácticas de dispersión y camuflaje se conviertan en habilidades básicas para cualquier soldado o policía en el terreno.
En conclusión, el aire ya no es un espacio de exclusividad estatal. La democratización de los vectores aéreos no tripulados obliga a las Fuerzas Armadas a redefinir el concepto de soberanía vertical. Solo mediante una estrategia flexible, que integre soluciones tecnológicas modulares con una reforma doctrinaria ágil, Colombia podrá nivelar la balanza en un conflicto que, inevitablemente, ya se libra en tres dimensiones.
Escrito por Daniel Cárdenas para The Aviator Daily
Publicar un comentario